Por: Julián Manuel Mazola Beltrán
Cuba, isla de palmas y
mares,
de sangre que late en cada
rincón,
tu historia está marcada por
cadenas,
pero también por el fuego del
corazón.
Más de seis décadas de
sombras,
más de sesenta años de
dolor,
un yugo que oprime, que hiere,
que calla,
pero que no logra apagar tu
fervor.
Cubanos, hermanos, hijos de la
tierra,
rompamos ya el silencio que nos
ata,
que la voz del pueblo sea
trueno,
que la verdad se alce como
espada.
Hoy vemos una pequeña luz al
final,
una chispa que crece, que arde,
que salva,
una esperanza que ilumina la
noche,
una promesa de libertad que nos
llama.
Es mejor morir de pie con
honor,
que vivir arrodillados en la
sombra,
es mejor entregar la vida con
coraje,
que arrastrar cadenas sin
gloria.
Patria amada, tierra de
Martí,
tu espíritu no se rinde ni se
doblega,
porque cada cubano lleva en su
pecho
un canto de amor que nunca se
niega.
Unámonos como hermanos, como
hijos,
como guardianes de tu memoria
sagrada,
que la unidad sea nuestra
bandera,
y la libertad, nuestra victoria
esperada.
Que tiemble la dictadura que
oprime,
que caigan los muros de la
mentira,
porque el pueblo despierto y
valiente
es fuerza invencible que nunca
se olvida.
Cuba, levántate, rompe tus
cadenas,
que el sol de justicia ilumine
tu suelo,
que la voz del pueblo sea río y
montaña,
y que la libertad sea tu único
anhelo.
Hoy más que nunca debemos
luchar,
con amor, con valor, con
coraje,
porque la patria merece la
entrega,
y la historia reclama su
mensaje.
Cuba, patria de héroes y
poetas,
tu final de esclavitud está
llegando,
y cuando la libertad florezca en
tu suelo,
será el amanecer más hermoso y
esperado

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