Queridos
hermanos y hermanas de nuestra tierra:
Hoy escribo
con el corazón ardiente y la voz firme, porque ha llegado el momento de
recordar quiénes somos y por qué nuestra historia está marcada por la dignidad,
el sacrificio y la esperanza. Somos hijos de una isla que ha resistido
tempestades, somos nietos de hombres y mujeres que nunca se rindieron, somos el
eco de un pueblo que, generación tras generación, ha mantenido viva la llama de
la libertad.
Durante más de
seis décadas hemos sentido el peso de la opresión, hemos visto cómo se nos
arrebataba la voz, cómo se nos negaba el derecho a decidir nuestro destino.
Pero también hemos visto cómo, pese a todo, el espíritu cubano nunca ha sido
derrotado. En cada madre que lucha por alimentar a sus hijos, en cada abuelo
que cuenta historias de un pasado glorioso, en cada joven que sueña con un
futuro distinto, late la fuerza de nuestra nación.
Hoy no
hablamos de miedo, hablamos de valor. No hablamos de resignación, hablamos de
esperanza. No hablamos de cadenas, hablamos de romperlas. Porque Cuba no es
solo un pedazo de tierra en el Caribe: Cuba es nuestra sangre, nuestra memoria,
nuestro orgullo. Y ningún poder puede arrancar de nosotros el amor por nuestra
patria.
El camino que
tenemos por delante es largo y estará lleno de obstáculos. Habrá momentos de
cansancio, habrá lágrimas, habrá dudas. Pero también habrá abrazos, habrá
canciones, habrá victorias pequeñas que nos recordarán que estamos avanzando. Y
cuando el sol vuelva a salir para todos los cubanos, cuando podamos mirar al
cielo sin temor y al futuro sin cadenas, recordaremos el dolor que hemos vivido
con una sonrisa, porque sabremos que valió la pena.
Por nuestras
madres, por nuestros hijos, por nuestros hermanos y abuelos. Por los que ya no
están y por los que vendrán. Por cada cubano que sueña, que resiste, que ama.
Por la Cuba libre que merecemos, por la Cuba que volverá a ser nuestra, por la
Cuba que nunca dejó de latir en nuestros corazones.
Es ahora, es
el momento. No mañana, no algún día lejano. Es hoy, porque el pueblo no aguanta
más. Es hoy, porque la dignidad no se negocia. Es hoy, porque la libertad no se
mendiga: se conquista con unidad, con amor, con heroísmo.
Que esta carta
sea un llamado a la memoria y al futuro. Que sea un canto de esperanza y un
compromiso eterno. Que sea la voz de todos los cubanos que, unidos, decimos:
¡Cuba será libre!
Con valor, con
amor y con fe en nuestro pueblo,
Un cubano más
que sueña con la libertad. Julián
Manuel Mazola Beltrán

